El aire nace en tus ojos, y del aire el horizonte. y el
horizonte es un monte claro que nace en tus ojos. tus ojos
son dos antojos de luz recién estrenada, ojos de noche
estrellada, ojos que son el camino cuyo único destino es
volver a tu mirada. y por el monte que invento para tus
ojos, mujer, el viento se echa a correr, se nos vuelve loco
el viento y hasta el mar, cuánto lo siento, se desespera
en las rocas. anda, ve al mar; si lo tocas, se me acallará
en el pecho donde anda el tiempo deshecho, porque hasta el
tiempo equivocas. para llegar a tus ojos hay que ser mar,
aire, ríos... ojos tuyos que son míos porque yo nazco en
tus ojos, y rehago los antojos de la luz con que inauguras
la primavera en que auguras otra lluvia, otro horizonte, un
verde nuevo del monte, donde no estás y perduras.
Caminito de la playa
Montado en una esperanza,
Mi madre inspira confianza
Retando la guardarraya.
La sorpresa se me calla
Del mar que aún no conozco,
Tan sólo al fin me complazco
Cuando virando un recodo
Me doy cuenta que no hay modo
De describir tal hallazgo.
¡inmenso azul gigantesco,
Río de una sola orilla!
¡bandeja de maravilla,
Y universo de refresco!
Rápidamente me ofrezco
A tal almuerzo de espuma.
Voy disipando la bruma
Que el asombro me causaba.
Ya una ola me tapaba.
¡nos pasaba por encima!
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