Eso Que Llaman Estar Enamorado

Joan Manuel Serrat

Eso que llaman estar enamorado le toca al que le toca. El 
más prudente puede quedar atrapado de cuatro patas. Más de 
un científico lo ha catalogado como una enfermedad que se 
cura en contacto con la realidad de cada día. Los árboles 
tapan el bosque, pero es tan bonito que parece mentira. 
Siempre es la primera vez y siempre deja herida. Quien lo 
sufre da por sentado que como aquella morena no hay otra 
igual, sin haberlas probado una por una. Afirmarán, con 
ojos de cordero, que como aquella rubia no hay otra igual, 
sin haber salido de Zaragoza. Se van perdiendo las 
proporciones. Sólo hay un tema de conversación. Se 
confunden las ilusiones con el culo. Y viceversa. Eso que 
convierte al feroz en calzonazos y al viejo en criatura 
tiene síntomas muy parecidos al ataque de locura. Se 
atiborra la cabeza. Se reblandece el corazón. Del infierno 
al nirvana. Pero tiene una cosa, quizá, a su favor: no se 
contagia. Para que puede prosperar no es suficiente con una
 pareja. Enamorados tienen que estarlo ella de él y él de 
ella. Lo perseguimos y nos persigue, porque de vez en 
cuando funciona. Es un instante, pero este instante, sólo 
este rato, es una traca que revienta en el pecho. Es llenar
 la eternidad. Es hablar con Dios.
Atrapar el infinito. Eso que llaman estar enamorado.
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