Poco A Poco

Joan Manuel Serrat

En aquel pequeño café donde no quieren entrar ni la luz de 
la calle ni la gente juiciosa, encontré tu mirar 
melancólico y lejano como la niebla que nace en el puerto 
de madrugada. Te cogí una mano y me seguiste en la noche 
como un perrito perdido que pide una caricia. Llenaste de 
colores la tristeza de mi cama, de rojos de atardecer y de 
verdes de Galicia. Y mi rincón fue tu rincón también. Eras 
joven y bonita. Empecé jugando y te fui queriendo poco a 
poco. Me acostumbré poco a poco a tu nombre, a tu calor y a
 tus palabras, al ruido de tus pasos subiendo los escalones
 y a tu manera de poner la mesa. Al olor de tus manos que 
cada noche rodeaban mi cuerpo como una fina gasa. Pero todo
 se hundió cuando te oí decir: «Me voy a buscar el sol. Es 
muy oscura esta casa». «Nadie me está esperando. Gracias 
por todo, Joan...» Eras joven y bonita. Se fue de repente 
lo que fui perdiendo poco a poco. Sentí tanto frío aquellas
 noches de verano. Maldije mil veces la pequeña taberna... 
Cuántas veces he ido a llevar mi llanto al río. Cuantas 
noches he pasado en blanco como la luciérnaga.
Pero me acostumbré también a vivir sólo sin romper los 
papeles, ni las fotografías. Si tengo hambre, como pan. Si 
tengo frío, enciendo fuego. y pienso: «si hoy llueve, 
mañana hará buen día». Y vuelvo a ir al café y pienso que 
tal vez eras joven y bonita. Pero el tiempo ha ido pasando 
y yo te he ido olvidando poco a poco.
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