Liliana

Joan Manuel Serrat

Hace ya mucho tiempo, el Hombre, durante las largas noches 
de invierno, afilaba y pulía una piedra dentro de su cueva.
 Y después, cuando se fundieron las nieves, pidió al viejo 
roble una de sus ramas. Entonces, el hombre malvado fabricó
 un hacha y, con ella, hizo astillas el árbol indefenso. Al
 ver aquella maldad, los árboles, horrorizados, subieron a 
la cima de la montaña y allí se juntaron formando un pueblo
 fuerte y libre. Así nació el Bosque.
    Los Gnomos juraron ser siempre los fieles guardianes 
del Bosque y se refugiaron en el interior de la Tierra. 
Pero, cuando descubrieron el primer diamante, desearon 
poseer más y acumular muchos tesoros, y de esta manera los 
habitantes del Bosque perdieron a los pequeños genios que 
los protegían. Sólo tres Gnomos, Flok, Mik y Puk, 
permanecieron fieles a su juramento porque amaban todas las
 cosas vivas: todo lo que crece y florece, lo que canta y 
ríe, lo que brota y renace.
    Año tras año, el Bosque despertaba del sueño del 
invierno y reverdecían los árboles. Mientras tanto, los 
tres Gnomos escribían juntos el libro que recoge su 
historia.
    Una tarde, al ponerse el sol, Flok oyó un llanto muy 
triste y quiso saber de quién procedía.
    No muy lejos de allí, encontró a la avispa Zumba, que 
había quedado atrapada en una inmensa telaraña.
    -¡Oh, buen Flok, sálvame! ¡La araña está lejos, pero 
volverá enseguida! - exclamó la prisionera.
    Después de mucho pensarlo, Flok se compadeció y la 
liberó.
    -¡Gracias, y de ahora en adelante cuenta siempre 
conmigo! - dijo la avispa al emprender el vuelo.
    Mitad feliz, mitad triste, mientras Flok pensaba si 
había actuado bien o mal, vio que algo se movía en la 
superficie del estanque que formaba un remanso del río.
    Flok fue a explicar a sus compañeros lo que le había 
sucedido con la avispa Zumba. Mik y Puk le reprendieron, ya
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 que al ayudar a la avispa había perjudicado a la araña y 
había alterado así, el buen orden y el equilibrio del 
Bosque. Sin embargo, Flok les dijo que, gracias a ello, 
había visto algo extraordinario, aunque no sabía de qué se 
trataba.
    Los tres juntos, descendieron aquella noche al estanque
 para ver qué era lo que se movía sobre el agua. De 
repente, oyeron una voz que decía:
    -¡Flok, caiga sobre ti el peso de tu traición! Has roto
 mi telar, toda mi labor. ¡Que el mal caiga sobre ti, Flok!
 ¡Soy yo, la araña, quien te maldice!
    Al nacer el día, los tres Gnomos vieron surgir del 
estanque la más bella criatura que, ni en sueños, habían 
podido imaginar.
    El prudente Flok, haciendo un gran esfuerzo, dijo:
    -¡Visión maravillosa! Quienquiera que seas, el viejo 
Flok te saluda y te da la bienvenida en nombre del Bosque. 
Pero dinos quién eres y de dónde vienes.
    -Nací en el fondo del agua, donde no llega el Sol y el 
Viento nada puede mover, donde el silencio es música, donde
 todo sueña y se mueve lentamente. Soy hermana de los 
lirios y mi nombre es Liliana.
    Desde aquel día, los tres Gnomos no pensaron más que en
 permanecer junto a aquel ser recién llegado. No se 
acordaron ya del Bosque ni de su juramento, pues su única 
tarea consistía en adorar a Liliana.
    Una hermosa mañana de abril, Flok y Mik tuvieron el 
mismo pensamiento y, sin ningún tipo de compasión, Mik 
arrancó la flor más perfecta... y Flok atrapó una 
espléndida mariposa. Liliana aceptó, halagada, aquellos 
presentes. Con los pétalos de la flor muerta se hizo un 
vestido, y con las alas de la mariposa adornó su espalda.
    Nadie escuchó los lamentos de agonía de las dos 
víctimas, sólo Puk, con las manos vacías se dio cuenta y 
sufrió. El sensible Puk sentía una gran tristeza por la 
flor rota y la mariposa sin alas. Pero, a su vez, él 
también quería ofrecer un regalo a Liliana.
    Puk, pensativo, llegó al estanque donde croaban las 
ranas. Entonces, las reunió y les hizo aprender su canción 
de amor y, rodeando el palacio de Liliana, el viscoso 
orfeón inició su canto.
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    Flok y Mik se echaron a reír, burlándose del concierto 
y del compositor. Y Puk les respondió sin perder la calma:
    -No me duele hacer reír. Puede que la música y los 
versos que he escrito sean malos, pero, al menos, no 
cuestan vidas.
    De esta manera, mientras Liliana miraba sonriente, se 
rompió la amistad de los tres Gnomos y comenzó la amarga 
rivalidad.
    Después de aquel día, una mañana en que, como todas, 
los tres Gnomos, bajaban al estanque por caminos 
diferentes, oyeron, de pronto, voces y risas: era Liliana 
que escuchaba complacida las palabras de Flor de Lino, el 
rey de los elfos.
    -¿Qué haces sola en el Bosque, sola en el estanque? 
¡Ven al valle, ven a la vida, ven con los elfos, a mi reino
 de amor! Allí se canta, se ríe y se baila, tanto a la luz 
de la luna, como a pleno sol.
    Y de una brazada, Flor de Lino sentó a Liliana en su 
hombro y remontando el vuelo, se elevó hacia el cielo.
    Flok, Mik y Puk pasaron muchos días esperando y 
esperando... Un mismo amor los había separado y, ahora, un 
mismo dolor volvía a unirlos.
    Y llegó Fobia, la liebre, quien plantándose ante ellos,
 con voz que la rabia y el miedo hacía temblar, les dijo:
    -Bosque, ¿dónde están tus valientes defensores? ¡El 
Hombre está dentro del Bosque! ¡Y lleva consigo el arma de 
rayo y de muerte!
    De un salto se levantaron los tres Gnomos y, cogiéndose
 de las manos, gritaron:
    -¡El Bosque está en peligro! ¡Unámonos por nuestra 
patria! ¡Todos para uno y uno para todos!
    Se oyó entonces un fuerte zumbido.
    Y Flok vio a Zumba, la avispa:
    -¡Bienvenida, Zumba! - exclamó contento - ¡Si un día 
fuiste causa del mal, que ahora el mal se convierta en 
bien! Convoca al pueblo del aguijón. El Bosque está en 
peligro.
    Poco después, se extendió una nube pavorosa que lanzaba
 rugidos de muerte. Era el ejército de los aguijones, los 
soldados de Flok, de Mik y de Puk: un desfile de avispas, 
abejas, abejorros y mosquitos, todos avanzando como una 
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gran legión.
    -¡Contra él! - gritaron todos a una.
    Y todo el ejército se abalanzó sobre el Hombre que, 
vencido, se alejó para siempre.
    Así renació la paz y, con ella, el gozo de vivir. 
Volvieron los otoños y las primaveras. Y los Gnomos 
volvieron a ser lo que habían sido antes: los fieles 
guardianes del Bosque.
    Y si viajando por sus profundidades os dejan ver su 
Gran Libro, no busquéis en sus páginas la historia de 
Liliana. No está allí. Ni siquiera su nombre ha quedado 
escrito en él.
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