Hay un hombre sentado en la acera hundido en soledad Canta una nota Que se diluye en los tiempos de su vanidad Y se tropieza Con la ilusión y los sueños de ser alguien más Ahora sabe Que la desgracia llega sin avisar Cae medianoche y se encuentra solo en un rincón Su voz se arrastra En cantar el letargo de su corazón Sus ojos miran Hacia el vacío intentando encontrar el perdón Y se da cuenta Tiemblan sus piernas al ver salir el Sol Llueve y las gotas se funden en el alquitrán Suelta un suspiro Vuelan recuerdos secretos de la gran ciudad Desaparecen El solo es una sombra de la decepción Y resignado La noche lo cubre con oscuridad